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El agua, el Idaan y las decisiones pendientes

El agua, el Idaan y las decisiones pendientes
A. Remembranzas A raíz de la crisis que históricamente ha atravesado el Idaan y que se ha agravado recientemente, considero oportuno expresar algunas reflexiones en mi condición de exdirector comercial y financiero de la institución. Ingresé al Idaan como economista del IV Programa Idaan-BID durante la primera administración del ingeniero José “Pepe” Fierro (Q.E.P.D.), la cual considero —salvo mejor juicio— como una de las administraciones más técnicas de la institución. El ingeniero Fierro fue subalterno de otro insigne ingeniero, Federico Guardia Conte, creador de la planta potabilizadora de Chilibre, a quien posteriormente asesoré en su empresa privada de ingeniería. Guardia envió a Fierro a especializarse en Estados Unidos en ingeniería sanitaria y, a su experiencia en esta materia, sumó conocimientos en administración y planificación adquiridos durante sus años de vinculación con el doctor Nicolás Ardito Barletta. Posteriormente, el ingeniero Fierro me nombró director financiero y luego director comercial metropolitano. Mi estrategia se basó en implementar orden y disciplina en el personal, así como en tratar a todos los usuarios por igual. Algunos lectores recordarán el caso de una quebrada que terminó tapizada con recibos del Idaan, recogidos luego por usuarios que los llevaron a la emisora Radio Mía. La destitución del repartidor fue solicitada de inmediato. Otro repartidor que, bajo los efectos de las drogas, amenazaba a sus compañeros de trabajo en el bus de reparto recibió la misma medida. Igual ocurrió con un funcionario que falsificaba la firma de su jefa. Bajo la convicción de que el sector público debía ser igual o más responsable en el cumplimiento de sus compromisos con el Idaan, ordené el corte del servicio al Abattoir Nacional, que en aquel entonces era una empresa estatal. El ingeniero Fierro inicialmente consideró la medida políticamente riesgosa. Si yo recibí acusaciones de ser el responsable de un eventual desabastecimiento de carne en la ciudad capital, puedo imaginar las críticas que habría recibido él. Afortunadamente, el ingeniero Fierro recibió el respaldo de don Felipe Motta, quien lo felicitó por imponer responsabilidad sin distinciones a las instituciones públicas. A pesar de la forma tan responsable en que el ingeniero Fierro ejerció su labor, fue destituido de manera desagradable, desconsiderada e indigna durante el acto inaugural del Congreso Internacional del Agua por el entonces presidente Ricardo de la Espriella, quien incluso lo había designado para abrir el acto en su nombre y representación. Esa destitución, indudablemente, obedecía a órdenes de la comandancia de las Fuerzas de Defensa de Panamá. Lo sustituyó el subdirector Hernán Estribí, otro excelente ingeniero sanitario, a quien puse mi cargo a disposición, algo poco habitual en el gobierno. Él me respondió: “Yo no he considerado cambiarte”. Posteriormente, al ingeniero Estribí le asignaron un nuevo subdirector con métodos con los que no coincidía, razón por la cual le advertí que ya no me considerara responsable del área comercial. Poco después, cuando el Idaan casi no pudo cubrir el pago de planillas, le recordé al director lo que previamente le había señalado sobre la gestión comercial. Los métodos implementados ocasionaron retrasos en los pagos, ya que muchos clientes postergaban cancelar sus cuentas hasta resolver sus reclamos. El ingeniero Estribí finalmente ordenó retomar la metodología que habíamos implementado en el área comercial. El ingeniero Estribí siempre me tuvo aprecio y consideración, aunque era evidente que enfrentaba presiones políticas. En una reunión con el personal del área comercial reconoció que se le cuestionaba mantener directivos que no pertenecían al PRD. Me levanté y expresé: “Yo soy uno de esos, pero señor director, no soy liberal, no soy demócrata cristiano, no soy comunista ni pertenezco a partido alguno, y puede tener la absoluta seguridad de que mis observaciones y recomendaciones están desprovistas de cualquier mala intención”. Continué colaborando con él hasta la finalización de su período. Posteriormente, el ingeniero Fierro volvió a dirigir el Idaan, en lo que considero un acto de justicia y reconocimiento que corregía aquella destitución tan indigna. Al asumir nuevamente el cargo, volví a poner mi puesto a disposición, pero me respondió preguntándome si quería abandonarlo. Durante esa segunda administración me designó como enlace institucional en materia económica y financiera ante la misión de especialistas del IV Programa Idaan-BID, encargada de finiquitar los últimos detalles para los desembolsos. Me correspondió coordinar con el especialista Carlos Manus (Q.E.P.D.) del BID, quien realizó importantes aportes para el fortalecimiento del Idaan. En la etapa de requisitos previos para el primer desembolso, sugerí incluir una cláusula que obligara a todas las instituciones públicas a estar al día con el Idaan. La propuesta fue aceptada. El gobierno necesitaba esos recursos y ordenó que todas las entidades públicas cancelaran sus deudas con la institución. Así, en diciembre de un año que no recuerdo con exactitud, el Idaan recibió un cheque millonario que permitió reducir a cero las cuentas oficiales por cobrar. Sugiero que la administración del Idaan haga un reconocimiento póstumo al licenciado Carlos Manus por sus aportes institucionales. Podría designarse con su nombre el salón de juntas, el salón de reuniones o alguna planta potabilizadora, coordinando el acto con el BID y con su familia residente en Argentina. Ante comentarios recientes del presidente sobre los ingenieros del Idaan, debo señalar que durante mi paso por la institución conocí a excelentes profesionales de la ingeniería sanitaria, quienes luego alcanzaron gran reconocimiento fuera de la entidad. Recuerdo con aprecio a Luis Pedreschi (Q.E.P.D.), Rodolfo Tejada, Millán, José Alvarado (Q.E.P.D.), Tommy Chue, Felipe Chen, Ámbar de Pinzón, Catalina de Guerra y al superintendente de Chilibre, Rodrigo Barragán, entre otros valiosos profesionales. También debo mencionar a la arquitecta Yolanda Escala, directora de planificación durante la gestión de Fierro, quien recomendó mi ingreso al Idaan. Nos habíamos conocido en el entonces Ministerio de Planificación de la Presidencia, donde ella coordinaba el presupuesto de inversiones del sector salud y yo el de funcionamiento. Estos profesionales pueden sentirse orgullosos de haber diseñado gran parte de los acueductos y alcantarillados financiados mediante el IV Programa Idaan-BID. Finalmente, el ingeniero Fierro me designó para encabezar una pasantía del área comercial en la Sociedad de Aguas de Marsella (SEM). Allí observamos tanto los procesos comerciales como los sistemas técnicos de tratamiento del agua. Me llamó especialmente la atención que antes de distribuir el agua a la ciudad, una muestra pasaba por una pecera con una trucha. Ante cualquier signo de contaminación, el pez reaccionaba de inmediato, alertando a los técnicos. Reconozco no ser especialista técnico, pero considero que sistemas modernos de control y tratamiento deberían evaluarse para todas las plantas potabilizadoras del país, especialmente ante situaciones como las ocurridas en Azuero, que probablemente se replican en otras regiones. B. Conclusiones y recomendaciones Aunque anteriormente he señalado que el Idaan debería contar con una estructura legal similar a la de la Autoridad del Canal, también considero que cualquier modelo requiere un elemento fundamental: liderazgo directivo sólido, independiente y con criterio propio. Con el sistema actual, un administrador técnico, apolítico y con autoridad podría enfrentar la crisis del Idaan si se concentra en aspectos prioritarios: Revisar la tarifa actual del agua potable, ya que no resulta razonable que mil galones de agua facturados en B/.0.80 tengan un valor inferior al de un litro de soda, leche o agua embotellada. Actualizar las redes de conducción en los sectores con mayores fugas mediante sistemas de macromedición u otros mecanismos técnicamente adecuados. Intensificar la reparación de fugas en redes y tanques de reserva para reducir el agua no contabilizada. Modernizar y poner plenamente en funcionamiento los tanques de reserva. Adquirir bombas adicionales para la planta de Chilibre que permitan reemplazar y reparar las existentes sin comprometer la operación. Garantizar un suministro eléctrico seguro y redundante, incluso mediante acuerdos con la Autoridad del Canal. Evaluar tecnologías de tratamiento más avanzadas que el actual sistema basado principalmente en cloro. Coordinar con el Ministerio de Ambiente estudios sobre situaciones similares a las de Azuero en otras regiones del país. Incorporar al Idaan a la Sociedad Panameña de Crédito para incentivar el pago oportuno de las cuentas. Implementar mecanismos de cobro más eficientes, similares a los utilizados en la facturación eléctrica. Actualizar el catastro de usuarios para identificar conexiones no facturadas. Este paquete de medidas implicaría costos importantes, pero mucho más costoso sería enfrentar una crisis prolongada de abastecimiento en la ciudad de Panamá y otras zonas densamente pobladas. Finalmente, y de manera respetuosa, considero que el señor presidente debería ofrecer disculpas a los ingenieros del Idaan y reconocer públicamente sus aportes técnicos al país. Reconocer las fallas enaltece. El autor es economista.
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