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El valor de un buen hombre

La Prensa Panamá United States
El valor de un buen hombre
A veces siento que en medio de tanto ruido se nos olvidó algo sencillo… el valor inmenso de un buen hombre. Y no hablo del hombre perfecto, porque esos no existen. Hablo del hombre que sostiene. Del que cuida en silencio. Del que se preocupa aunque no lo diga bonito. Del papá que se levanta cansado pero igual resuelve. Del hermano que se convierte en refugio. Del amigo que aparece cuando todo se cae. Del esposo o novio que no compite contigo, sino que te acompaña. Y hoy me desperté con la idea, ¿Por qué en Panamá, no tenemos un día fijo y festivo para celebrar a los papás? Hay fechas que no deberían depender del calendario comercial, ni de la conveniencia de un fin de semana largo. Hay fechas que merecen quedarse quietas, intactas, con significado propio. Y sinceramente creo que el Día del Padre en Panamá debería ser una de ellas. Durante años hemos celebrado a los padres en días móviles, adaptando homenajes a la lógica del consumo o a criterios prácticos que, poco a poco, le fueron quitando profundidad emocional a una fecha que debería tener un enorme peso humano y social. Porque más allá de regalos, restaurantes llenos o promociones de temporada, el padre representa algo mucho más esencial dentro de la vida de una persona y dentro de la estabilidad de una sociedad. Por eso considero que Panamá debería establecer una fecha fija y nacional para el Día del Padre, y que esa fecha sea el 19 de marzo. No se trata solamente de una tradición asociada a San José, figura universalmente reconocida como símbolo de responsabilidad, protección y paternidad serena. Se trata también de devolverle dignidad y permanencia a la figura paterna en tiempos donde pareciera que reconocer el valor de un buen hombre se ha vuelto incómodo para algunos discursos modernos. Hay una realidad que pocas veces se dice con suficiente fuerza: una sociedad sin padres presentes se fractura lentamente. Las estadísticas sobre violencia, abandono escolar, delincuencia juvenil y crisis emocionales muchas veces tienen detrás historias de ausencia paterna. Y aunque ninguna madre debe cargar con culpas injustas —porque hay mujeres extraordinarias criando solas— también es cierto que cuando un buen padre está presente, el impacto positivo en la vida de los hijos suele ser profundamente transformador. Por eso necesitamos dejar de tratar la figura masculina y paterna como algo secundario o sospechoso. Durante años ciertos sectores han construido discursos donde el hombre aparece únicamente desde la culpa, el abuso o la confrontación. Y aunque claro que existen hombres violentos y dañinos, también existen hombres nobles, trabajadores, protectores y profundamente amorosos que merecen ser reconocidos públicamente. Honrar al padre no le quita valor a la mujer. No disminuye las luchas femeninas. No amenaza derechos. Al contrario: fortalece el núcleo humano desde donde se construyen mejores familias y mejores ciudadanos. Un país que aprende a agradecer a sus buenos padres también aprende a formar mejores hombres para el futuro. Establecer el 19 de marzo como fecha fija y además declararla día festivo nacional tendría incluso un poderoso efecto cultural. Permitirá que las familias realmente puedan reunirse, visitar a sus padres, compartir tiempo genuino y convertir la fecha en una celebración emocional y no simplemente en un domingo rápido atrapado entre responsabilidades laborales. Porque un buen padre no siempre hace ruido. Muchas veces ama desde el silencio. Desde el cansancio. Desde la responsabilidad diaria que nadie aplaude. Y quizá precisamente por eso merece un día fijo. Uno que no cambie cada año. Uno que no dependa del comercio. Uno que les recuerde a nuestros hijos que la figura paterna sí importa. La autora es abogada.
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