skipToContent
🌐All

La gran apuesta

La Prensa Panamá Global
La gran apuesta
En 2026 se cumplen doscientos años del Congreso Anfictiónico de Panamá (1826). Sin la pesadez del mármol, conviene bajar a Simón Bolívar del caballo y mirarlo como estratega geopolítico. El Libertador entendió antes que nadie el valor excepcional del Istmo. En la Carta de Jamaica (1815) dejó escrita su intuición histórica: “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!...”. Su gran apuesta era Panamá como pivote del mundo, un territorio capaz de mirar a los imperios de tú a tú. Once años después convirtió esa visión en la primera reunión internacional moderna del continente. Dos siglos más tarde, el conductor que esquiva cráteres en Vía España, el mecánico de taller o el obrero que trabaja bajo el sol se preguntan quién honra hoy aquella apuesta fundada en el mérito. No los leguleyos que invocan a Bolívar mientras reparten cuotas y prebendas. Los herederos reales de esa visión aparecen, más bien, en dos escenarios de orgullo nacional: el Canal y la selección mayor de fútbol. La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) acaba de ofrecer una lección institucional. En septiembre asumirá la ingeniera Ilya Espino de Marotta, producto de cuatro décadas de carrera técnica y de un proceso de selección riguroso y meritocrático. Su ascenso representa el triunfo del conocimiento sobre la rosca, la denunciada por Fito Aguilera. La ACP funciona así porque el Título Constitucional del Canal le otorgó autonomía frente a las garras de la política criolla. El desempeño pesa más que la cofradía partidaria. En principio. No pongo mis manos en el fuego. El ciudadano observa el relevo canalero con admiración y rabia. Si José Raúl Mulino escogiera con ese rigor un solo ministro, otra sería la historia. El Canal se ha convertido en una burbuja de excelencia, mientras el resto del Estado permanece atrapado por el clientelismo y la improvisación. El fútbol de alto rendimiento rompe esa cerca y democratiza la meritocracia. En la cancha, el balón no pregunta apellido ni partido político. Premia disciplina, táctica y resultados. Ese cambio tiene un conductor claro: Thomas Christiansen, el técnico danés-hispano que introdujo rigor científico y orden táctico al talento istmeño. Bajo su mando, la selección demuestra que el éxito no es lotería. Cuando Panamá enfrenta a gigantes de la Concacaf o potencias mundiales, el equipo encarna una anfictionía moderna: competir de tú a tú desde un país no populoso, pero sí popular. El estadio se convierte en un nuevo congreso internacional y el fútbol proyecta dignidad nacional mucho más allá de nuestras fronteras. El país de ingeniería global y goles memorables choca contra una estructura política de tuercas flojas. Necesitamos una ofensiva ciudadana contra los liderazgos que administran el Estado en contravía de la modernidad y alimentan nuestros apocalipsis cotidianos: clientelismo obsceno, corrupción institucional y apartheid social. Mientras la selección alinea a los mejores por rendimiento y la ACP premia capacidad técnica, buena parte de la clase política continúa aferrada al motor oxidado de la botella y la lealtad partidaria. Contradicción brutal. Poseemos el hub logístico más poderoso del continente y, al mismo tiempo, escuelas sin internet, centros de salud desabastecidos y jóvenes sin oportunidades educativas ni deportivas de alto nivel. Cada gol de la selección no debería servir de anestesia colectiva, sino de recordatorio incómodo de que Panamá funcionaría mejor si la educación, la salud y la justicia se administraran con meritocracia, como en el Canal o La Roja a cargo de Christiansen. El autor es periodista y filólogo.
Share
Original story
Continue reading at La Prensa Panamá
www.prensa.com
Read full article

Summary generated from the RSS feed of La Prensa Panamá. All article rights belong to the original publisher. Click through to read the full piece on www.prensa.com.