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La honestidad tiene rostro de mujer

La Prensa Panamá India
La honestidad tiene rostro de mujer
El último Informe de Fraude Ocupacional de la Association of Certified Fraud Examiners, la organización antifraude más grande del mundo, revela que el 75% de los perpetradores de fraude ocupacional son varones y el 25% mujeres, y que estas cometieron menos fraudes y causaron menores pérdidas que los actos de corrupción ejecutados por varones. La distribución por género varía según la región. Por ejemplo, en Asia Meridional, el 97% de los fraudes son cometidos por varones, mientras que el 3% corresponde a mujeres. Asia Meridional está conformada por ocho países: Afganistán, Bangladés, Bután, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka. La diferencia marcada y excepcional a nivel global, se dice, obedece a que las mujeres no participan de las asociaciones clientelistas y otros vicios que arropan a la casta de políticos corruptos y sus organizaciones electoreras; además, conservan un alto nivel ético y moral, muy diferente al de los políticos tradicionales. Se ha demostrado que la mujer, en esas latitudes, cuenta con menor acceso a las esferas de poder político y es más cuidadosa de quedar expuesta al escarnio público, con los consecuentes efectos y daños a la reputación familiar. En las administraciones públicas a cargo de mujeres en estos países, queda claro, a través de estadísticas, que se priorizan los presupuestos de inversión en bienestar familiar, salud y atención a la niñez, entre otros programas sociales. Hace años, en ocasión de una actividad electoral, me tocó estar entre dos j ovencitas pioneras en la actividad política panameña. Animadamente conversábamos sobre los acontecimientos que escuchábamos, y no pude dejar de advertir cuando una de las jóvenes comentaba a la otra que, conversando con un diputado de la República en ejercicio, le manifestó su interés en participar como candidata a diputada, y este, sin el mayor sonrojo, le dijo: “Las mujeres no son para la política; están hechas para parir, tener marido y muchos hijos”. (Ejemplo de violencia psicológica y emocional como forma de control, manipulación y hostigamiento que someten y minan la autonomía de la mujer). Años después, el destino llevó a esa joven a la Asamblea de Diputados. Investigaciones sociopolíticas sugieren que la marginación de la mujer en los roles políticos y en la toma de decisiones, así como las prácticas corruptas en estas esferas, las han alejado de la participación en señalamientos de actos de corrupción. El informe dice que, en África del Norte, el 91% de los fraudes son cometidos por varones, mientras que el 9% por mujeres. En América Latina y el Caribe, el 86% son cometidos por varones y el 14% por mujeres. En Europa Occidental, el 86% son cometidos por varones y el 14% por mujeres. En África Subsahariana, el 81% son cometidos por varones y el 19% por mujeres. En Europa Oriental y Asia Central Occidental, el 77% son cometidos por varones y el 23% por mujeres. En Asia-Pacífico, el 75% son cometidos por varones y el 25% por mujeres. En Estados Unidos y Canadá, el 62% de los fraudes son cometidos por varones y el 38% por mujeres. El reporte identifica también algunas señales de comportamiento que correlacionan con el género de los defraudadores. Así tenemos que las tres principales alertas más comunes entre las defraudadoras son: a) vivir por encima de sus medios; b) dificultades financieras; y c) divorcios recientes o problemas familiares. Mientras que, en el caso de los defraudadores, las alertas las representan: a) la asociación inusual e íntima con un proveedor o cliente; b) aprovecharse de sus habilidades para hacer negocios a su favor; y c) la intimidación. La mujer honesta en política suele enfrentar la dura batalla de resistir el desprecio de una vieja cultura política acostumbrada al clientelismo, al abuso del poder y a la corrupción como método de supervivencia. Mientras muchos políticos tradicionales construyeron imperios de favores, pactos oscuros y enriquecimiento al amparo del Estado, innumerables mujeres han debido abrirse paso soportando burlas, exclusión, ataques personales y hasta humillaciones públicas simplemente por negarse a entrar en ese lodazal. Las estadísticas del fraude ocupacional no solo retratan números; también dejan al descubierto una realidad incómoda para las viejas élites políticas: donde la corrupción ha encontrado históricamente refugio no ha sido precisamente en la ética femenina, sino en estructuras dominadas por hombres que, durante décadas, normalizaron el abuso del poder y el saqueo del patrimonio público. La mujer que entra a la política con dignidad no solo administra recursos; administra esperanza. Y aunque los corruptos intenten reducirla, silenciarla o denigrarla, termina ocurriendo algo inevitable: mientras el corrupto pasa a la historia como símbolo de vergüenza, la mujer honesta permanece como ejemplo de decencia, valentía y respeto ante un pueblo cansado de ladrones con corbata y falsos discursos. Conclusión forense: La honestidad de la mujer siempre representa una amenaza para el corrupto; por eso las desacreditan, las minimizan y las atacan con ferocidad. El autor es auditor forense y ex viceministro de la Presidencia.
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