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Para ser servidos debemos servir

La Prensa Panamá Global
Para ser servidos debemos servir
El pasado sábado asistí a un evento de la organización que me ha dado mucho más de lo que jamás podré devolver. El Club Activo 20-30 forjó a este joven que, habiendo recibido una excelente educación, se enfrentaba a un mundo muy diferente. Me encantó ver un buen debate de ideas que, siempre con el respeto debido, se extraña cuando observamos las transmisiones de conferencias de prensa, debates legislativos e informes de funcionarios que vemos a diario. Cada uno de los clubes que compartía su experiencia y sus vivencias, dejando entrever el futuro que tenían por delante en sus comunidades, lo hacía con orgullo, rectitud y siguiendo ese camino de practicar “los más altos valores”, que nos enseñaron los fundadores hace más de 100 años. En 1922, lo que hoy conocemos como Activo 20-30 Internacional fue la respuesta que encontraron dos jóvenes —que ni siquiera se conocían— para ofrecer alternativas a otros jóvenes que no se sentían cómodos en las reuniones de las cámaras de comercio a las que pertenecían. Y viéndolo “desde mi balcón”, era obvio que las inquietudes de la juventud son muy diferentes a las de empresarios que buscan mejorar las condiciones de sus negocios y, por ende, de sus comunidades. Estos muchachos buscaban integración y prosperidad, pero lo que realmente anhelaban era ese sentimiento de pertenencia que aún hoy siguen buscando, aunque de una manera distinta a la de aquella época. El Club Activo 20-30, más que una organización para hacer amigos, ofrece una gran oportunidad de iniciar el camino hacia la formación en valores, que eventualmente redundará en esa clase de liderazgo cuya ausencia padecen muchos países. Los ciudadanos de bien deberían abrazar estas iniciativas de educación en valores, liderazgo y conocimiento que enseñamos y practicamos en Activo 20-30, que con justa razón reúne a personas en un espectro de formación que oscila entre los veinte y los treinta y nueve años de edad, cuando la juventud aún está terminando de formarse. En Activo 20-30 muchos conocimos a quienes hoy llamamos orgullosamente nuestros mejores amigos y, en mi caso específico, a quienes considero hermanos. Personas que han estado allí en las buenas y en las no tan buenas; cuyos hombros han enjugado lágrimas de alegría, pero también de mucho dolor, y donde siempre ha resaltado la fraternidad y solidaridad que aprendimos en esta organización, a la que muchos consideramos nuestra familia extendida. A título personal, debo confesar que haber liderado esta organización a nivel internacional me abrió los ojos para darme cuenta de que los niños son iguales en todas partes; tienen las mismas necesidades y la misma avidez de aprender, sin importar el idioma que hablen. Todo lo que piden es un poco de nuestra atención, cariño, solidaridad y consejo. Que “el grande” se arrodille para ayudarlos. A los Activo 20-30 nos comentan que parecemos una logia y tiene lógica, pues estoy convencido de que esos dos jóvenes pioneros eran masones. Varias de nuestras costumbres y tradiciones, e incluso uno de nuestros lemas, guardan semejanza con los de esos amigos. Nos enorgullecemos de promover y practicar esos valores sobre los que tanto machaco en muchos de mis escritos y hoy aprovecho para insistir en que, mientras la decencia, la honestidad, la integridad, la ética y la puntualidad no vuelvan a ser colocadas en el sitial que merecen, seguiremos careciendo de verdaderos líderes, que son los que realmente necesitamos en el mundo. En mi vida profesional y ciudadana practico diariamente esos valores que me inculcaron en la que considero la mejor escuela de liderazgo y formación ética por la que he transitado. Lo aprendido lo implemento en mi vida profesional. Si hubiera más profesionales, empresarios, dirigentes sindicales y gobernantes formados en clubes como Activo 20-30, tendríamos un mundo muy diferente al que existe hoy. Hoy, ese lema: “La juventud, para ser servida, debe servir”, cobra una fuerza tan grande como la que ha hecho que miles de jóvenes hablemos “el mismo idioma de servicio, solidaridad y fraternidad”. ¿Qué estamos esperando para cambiar? El autor es dirigente cívico y analista político.
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