“Con motivo de la Celebración del Centenario de la República en el 2003 escribí varios artículos publicados posteriormente en el 2005 en el libro titulado Panamá, un aporte a su historia , siendo su editor el Dr. Carlos Mendoza. En el artículo ‘Entrecruce de la Universidad y la CSS’ expresé: “A menos de cincuenta años del surgimiento de la República, el 5 de noviembre de 1949 , en la ciudad de Panamá, el doctor Octavio Méndez Pereira, en su carácter de Rector de la Universidad de Panamá y debidamente autorizado por la Junta de Síndicos y el Consejo General Universitario, y el señor Adolfo Quelquejeu, Gerente y Representante legal de la Caja de Seguro Social, debidamente autorizado por su Junta Directiva, firmaron un contrato que era expresión de la visión de patria surgida en noviembre de 1903. Se trataba de un acuerdo de dos instituciones republicanas, la una comprometida con la educación y la otra con la salud de los istmeños.El acuerdo permitía construir el Complejo Hospitalario en hectáreas de terreno cedidos por la Universidad de Panamá y edificar la Escuela de Medicina con fondos aportados por la Caja del Seguro Social. Es difícil no sentir una emoción profunda al reconocer que, en 1949, dos años antes de la inauguración de la Escuela de Medicina de la Universidad de Panamá, estos dos panameños ilustres establecieron las columnas sobre las que se levantaría la educación médica y el Alma Mater de la mayoría de los médicos de la República”. En mi artículo destaqué “la visión y los sueños del Rector Octavio Méndez Pereira y de Alejandro Quelquejeu, que en 1949 habían comprendido la importancia del entrecruzamiento histórico de las dos instituciones en el trayecto nacional de dar a los panameños educación y salud”. En el artículo de hace 23 años concluía: “En este despertar de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, la Universidad de Panamá y la CSS hacen frente a serios desafíos y amenazas. Ambas instituciones nacionales parecen sacudidas por los vientos huracanados de la transición de un siglo a otro.” Y advertía contra las fuerzas que querían producir la imposición del eclipse de la visión y los sueños del Rector Octavio Méndez Pereira y de Alejandro Quelquejeu. Hoy en las cercanías del 21 de mayo 2026, Día del Médico Panameño y aniversario de la fundación de la Facultad de Medicina no hay motivo de celebración en el escenario de la salud pública nacional. En quince años el país no ha sido capaz de iniciar la construcción de la nueva Facultad de Medicina. Un informe de la Organización Mundial de la Salud dice que hay una crisis de los profesionales de la salud con el potencial para agravarse en los próximos años y que la correlación entre la disponibilidad de médicos y la cobertura de las acciones en salud sugiere que la salud del público sufre cuando hay una escasez de trabajadores de la salud. Para enfrentar los problemas de salud globales, el objetivo del país debería ser sencillo: tener los médicos adecuados con las competencias necesarias en el lugar adecuado haciendo el trabajo necesario. Sin embargo, las autoridades nacionales insisten en contratar médicos extranjeros aún sabiendo que una de las duras realidades de la crisis global de los sistemas de salud es el déficit casi universal de médicos especialistas. Hace apenas algunos días los máximos voceros del gobierno destacaban la realización de una cirugía cerebral de alta complejidad en el nuevo Hospital Manuel Amador de Guerrero de Colón. Como si ese fuera un logro de ellos. Fue el doctor Antonio González Revilla, profesor fundador y decano de la Facultad de Medicina, el que estableció en 1947 el Instituto de Neurología y Neurocirugía Walter E. Dandy. Hoy hay neurocirujanos en todo el país por el legado patriota del Dr. Revilla y de sus alumnos que preservaron de un siglo a otro la formación de los especialistas del sistema nervioso a nivel nacional. El joven neurocirujano a cargo de la intervención quirúrgica es un egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Hoy él es médico y neurocirujano gracias a los ideales del rector Méndez Pereira y del gerente Quelquejeu al firmar el contrato que permitió a los hijos de los pobres estudiar medicina en este país. Hay 5.5 hectáreas de terreno para construir la nueva Facultad de Medicina en la Ciudad de la Salud. Se confeccionaron los planos de acuerdo con el modelo de las Escuelas de Medicina norteamericanas. Se siguió el ejemplo dado por el Ingeniero Alberto de Saint-Malo cuando hace casi 80 años viajó a Estados Unidos para conocer el diseño de sus Escuelas de Medicina. Ni siquiera se ha colocado la primera piedra para su construcción. Inercia, desinterés y abandono de una universidad politizada y sin liderazgo médico. Eclipse del amor a las instituciones nacionales en el territorio del Istmo. ¿Cuál debería ser la respuesta? Como dice un editorial de la revista The Lancet de hace unos años “La salud pública debe basarse en los principios de solidaridad y separarse de las relaciones basadas en el mercado.” La salud tiene un poder social particular. La salud es un objetivo que es “una aspiración compartida, una bandera común que nos une en la lucha.” “La salud es un llamado poderoso a la movilización.” Se requiere activismo académico para lograr la construcción de la nueva Facultad de Medicina. El autor es médico.
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