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Un pozo no basta: primero hay que conocer su agua

La Prensa Panamá Global
Un pozo no basta: primero hay que conocer su agua
En muchos lugares, perforar un pozo se presenta como sinónimo de solución. Hoy, es una necesidad en la región de Azuero para calmar la sed y abastecer las necesidades primarias y básicas de miles de panameños. Sin embargo, no basta con encontrar agua para que aparezca el discurso del alivio inmediato. Un pozo no debe considerarse apto para abastecer a una comunidad solo porque produce agua: esa agua debe ser analizada, y ese pozo debe ser evaluado técnicamente antes de llegar al consumo humano. De lo contrario, lo que se inaugura no es una solución, sino una incertidumbre. La disciplina que se ocupa del estudio del agua del subsuelo es la hidrogeología, y esta disciplina se relaciona con muchas otras para evaluar el estado del agua subterránea en diversos aspectos. El estudio del subsuelo para la ubicación de un acuífero y la profundidad a la que se debe perforar debe hacerse a través de un estudio geofísico. Este estudio ahorra tiempo e improvisación: no consiste en hacer hueco por hueco hasta encontrar agua, sino en hacerlo con responsabilidad y exactitud. Además, estos estudios ayudan a identificar qué tipo de acuífero se tiene bajo los pies, el tipo de formación geológica, la profundidad exacta a perforar y, lo más importante, si existe el reservorio adecuado. No es lo mismo un acuífero colgado de baja productividad que uno libre de alta productividad. Y ojo, un acuífero de alta productividad no es sinónimo de tener agua las 24 horas del día, todos los días. Esto debe corroborarse mediante una prueba de bombeo. Una prueba de bombeo, al tener un pozo equipado, es indispensable. La realización de esta prueba permite entender cómo responde el pozo y el acuífero frente a la extracción. No basta con saber que el pozo da agua; hay que conocer cuánto puede producir, durante cuánto tiempo y a qué costo hidráulico. Una prueba de bombeo bien hecha permite estimar caudales sostenibles, abatimientos, recuperación y comportamiento del acuífero. Además, permite determinar si el acuífero, después de cierta cantidad de horas de explotación, entra en contacto con una fuente hídrica superficial de forma directa. ¿Imagina abastecerse de un pozo y que, tras ciertas horas de explotación, termine consumiendo agua proveniente de un río o quebrada contaminada? Eso es precisamente lo que puede ocurrir cuando un pozo se explota sin estudios previos, sin pruebas de bombeo y sin conocer realmente su conexión con el entorno hidrológico. En esos casos, lo que parece una solución rápida puede transformarse en una amenaza silenciosa para la salud pública. El agua subterránea suele transmitir una falsa sensación de seguridad. Por estar bajo tierra, muchos asumen que está naturalmente protegida y que, si luce limpia, puede consumirse sin mayor preocupación. Nada más riesgoso. El agua de un pozo puede contener contaminantes químicos y microbiológicos invisibles, desde bacterias hasta nitratos, sales, metales o compuestos derivados de actividades humanas y condiciones geológicas del subsuelo. Por eso, antes de ser destinada al consumo humano, debe someterse a análisis rigurosos que determinen si realmente es apta para beber. No es suficiente medir pH, temperatura o sólidos disueltos en campo; se deben tomar muestras de agua para analizar el posible impacto biológico por contaminantes agrícolas. Estos estudios deben ser accesibles a la población: el panameño tiene derecho a saber qué calidad de agua está bebiendo. Recordemos que Azuero es una región golpeada por la deforestación y el intensivo uso de la tierra para la ganadería y la agricultura. Además, está la relación roca-agua; el estudio de metales pesados es importante. En Azuero, como en el resto del país, existen altas tasas de cáncer y van en aumento, y lo que todos tenemos en común es ¿qué? El agua. Panamá dispone de instituciones con competencias claras en esta materia: el Ministerio de Salud, responsable de velar por la calidad del agua; el Ministerio de Comercio e Industrias, encargado de establecer y aplicar, a través de las normas COPANIT, los criterios técnicos que permiten evaluar si el agua analizada en laboratorios certificados es apta para el consumo humano; y el Ministerio de Ambiente, cuya función debe ser decisiva en la tutela y protección del recurso hídrico frente a su contaminación o deterioro. La pregunta final no es si el pozo tiene agua, sino qué agua entrega, cuánto puede sostener y a qué costo para el acuífero y para la gente. Allí está la diferencia entre una solución responsable y una respuesta rápida. Lo que se consume no debe ser solo agua: debe ser confianza, ciencia y seguridad. El autor es es geógrafo, hidrólogo e hidrogeólogo.
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